sábado, 4 de mayo de 2013

El buen trato entre opositores



 
Los compradores y los vendedores son personas que están básicamente en desacuerdo, pero sin embargo no se golpean.

Un mercado es un lugar donde se encuentran personas que opinan de manera diferente. Si no fuera porque están en desacuerdo no podría ocurrir que uno vendiera y el otro comprara el mismo objeto.

Como he mencionado en otros artículos (1), el que vende «quiere abandonar la mercadería» mientras que el comprador «quiere apoderarse de ella».

En términos exagerados y metafóricos podríamos decir que la mercadería cambia de manos porque uno la odia (la vende) y el otro la ama (la compra).

¿Por qué si los participantes de un mercado son personas que están básicamente en desacuerdo, no se golpean todos los días?

Mi respuesta es que no se golpean porque el egoísmo de cada uno de los «enemigos» los mantiene a raya, disciplinados, autocontrolados.

En una discusión normal, el que quiere sacarse de encima la mercadería que tiene (vendedor) debería demostrar que efectivamente no la quiere, esto es, la entregaría gratis, pero la cobra porque observa que el comprador la quiere, la desea, la ama. El precio que el vendedor le pide al comprador es proporcional al deseo de este: si demuestra mucho interés aumenta el precio y si ya están sobre la hora de cerrar el mercado y los supuestos compradores merodean con aparente desinterés, el precio del egoísta vendedor baja hasta niveles insólitos.

Tanto se sabe del ser humano que a esta altura la fijación de precios es calculada por una computadora.

Las empresas de aviación, para no viajar con asientos vacíos, pueden venderlos a la décima parte de lo que cuestan normalmente. Mientras vuelan, los pasajeros que pagaron precios tan diferentes se miran con envidia o con desdén, pero por el egoísta temor a caer no se golpean.

   
(Este es el Artículo Nº 1.841)

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