miércoles, 1 de agosto de 2012

La irracionalidad nos llena de miedos



La prohibición de incesto, impuesta sin ninguna explicación, nos convence de que nuestra espontaneidad es siempre equivocada, peligrosa, inadecuada.

A veces envidiamos a los niños por su vida distendida, o a los jóvenes por su entusiasmo, energía y ganas de divertirse, a los adultos muy jóvenes porque transitan la edad en la que se casan, forman una familia, tienen hijos, están llenos de proyectos.

Para hacerla breve: muy a menudo decimos «todo tiempo pasado fue mejor».

Sabemos que no es así: los niños padecen la falta de poder, la obligación de estudiar temas absurdos, tienen que abstenerse de matar al hermano menor.

Los adolescentes no saben qué quieren, repentinamente tienen ganas de llorar, se siente incomprendidos, querrían cambiar el mundo y casi nadie los escucha.

A los adultos jóvenes no les alcanza el dinero, no tienen ni la menor idea de cómo criar el primer hijo, para el segundo están más duchos y del tercero en adelante, se crían entre los mismos hermanos. Es la época en que tienen más necesidades, más deseos, más obligaciones y, comparativamente, menos dinero.

Por lo tanto: todo tiempo pasado fue más o menos como el presente, solo que hemos olvidado los detalles más desagradables.

Hay un tipo de inseguridad que agrava todas estas vicisitudes de los más jóvenes y también de algunos adultos y ancianos: me refiero a la inseguridad que nos paraliza por no saber cómo actuar con los demás, qué decir en cada ocasión, cómo tratar a cada persona para que no se ofenda o se forme una mala imagen de nosotros.

La causa número uno de tantas dudas sociales es la prohibición del incesto y su falta de fundamentación, clara, concisa, pedagógica.

Tanta arbitrariedad irracional (prohibición sin explicación) nos hace dudar de nuestra espontaneidad, de nuestras intenciones. Nos llena de miedos.

(Este es el Artículo Nº 1.627)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ah, que buena idea!!